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CRÓNICA DE UNA CONVERSACIÓN SUSPENDIDA POR 40 AÑOS



Luego de cuatro décadas, Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timochenko, máximo jefe de las FARC y Jorge Rojas Rodríguez Periodista y defensor de derechos humanos, se reencontraron en La Habana para proseguir una larga conversación iniciada en la década del 70 en Quimbaya Quindío sobre la guerra y la paz en Colombia. Los testimonios y detalles de esa conversación los narra Rojas en su libro “Timochenko el último guerrillero” que acaba de ser lanzado en la Feria Internacional de libro de Bogotá. CRÓNICA DE UNA CONVERSACIÓN SUSPENDIDA POR 40 AÑOS




Por: Luis Fernando Rojas R.
Transcurría el año de 1976, los colombianos padecían los azotes del “mandato claro” del “pollo López”, en plena bonanza marimbera, y aún estaba en la memoria colectiva las imágenes dantescas de la forma como Pinochet con todo el apoyo norteamericano asesinó al presidente constitucional de Chile Salvador Allende en su propio palacio de gobierno.
Eran los tiempos más calientes de la guerra fría. La Unión Soviética y EE.UU se mostraban los dientes, y los vencedores de la sierra Maestra en Cuba al mando de Fidel, consolidaban su alianza con el bloque comunista para defender su revolución de las garras yanquis.
El debate ideológico que se libraba en las universidades colombianas entre los marxistas revolucionarios de la línea Pekín y los de la línea Moscú, estaba al rojo vivo. El influjo de la revolución cubana en América Latina era tal, que universitario que no militara en la izquierda era visto como bicho raro en la comunidad universitaria. En el centro del debate estaban la lucha legal desde el movimiento social o la confrontación armada como formas de lucha para lograr las anheladas trasformaciones sociales que el país urgía.
Grupos de rebeldes alzados en armas irrumpían a lo largo y ancho del territorio nacional: las FARC desde 1964 en el sur del país, que surgieron como respuesta a la manguala bipartidista de Lleras Camargo y Laureano Gómez, bautizada con el nombre de Frente Nacional; el ELN surgido en 1964 al mando del cura Camilo Torres. El M-19 conformado en 1970 como respuesta  al fraude electoral con el que Misael Pastrana le robó las elecciones al general Rojas Pinilla; luego vendrían el EPL en 1967, el Quintín Lame en 1984 y el Ejército Revolucionario Guevarista en 1993.
En la legalidad y buscando estrechar vínculos con las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles, estaban como protagonistas del debate, el Partido Comunista liderado por Gilberto Viera y el MOIR cuyo jefe máximo era Francisco Mosquera, pero también el partido Comunista ML, el partido socialista de los trabajadores (PST), el Movimiento Amplio Colombiano (MAC) y la Alianza Nacional Popular  (ANAPO) . El primer intento de construir un bloque de tan variadas vertientes de la izquierda colombiana para enfrentar en las urnas a los dos partidos tradicionales del país, nació con la Unión Nacional de Oposición UNO en 1972.
En ese escenario político y social, el joven Rodrigo Londoño Echeverry quien había llegado a Quimbaya Quindío, proveniente de La Tebaida, huyendo de los maltratos de su padre, se conoció con Jorge Rojas, un joven quimbayuno miembro de una reconocida familia conservadora de comerciantes del municipio. Los dos estudiaron en el colegio Instituto Quimbaya y allí formaron el Consejo Estudiantil de la institución, lideraron las  protestas estudiantiles de la época, se vincularon a la Juventud Comunista JUCO, (organización juvenil del Partido Comunista) y compartieron noches enteras de lectura, estudio y discusión de las tesis comunistas de Marx, Engels y Lenin.
La última conversación que abordaron ese año, fue cuando Rodrigo le contó a Jorge que se iba para la guerra. Que había decidido vincularse a las FARC porque los sueños de una patria libre, soberana y prospera no se alcanzarían pintando consignas revolucionarias en las paredes, ni haciendo manifestaciones; y lo invito para que se fueran juntos. Rojas dudó de la tesis de su compañero argumentando que, aunque le parecía valiente la decisión de arriesgar la vida por la causa de la revolución, consideraba que los revolucionarios también pueden realizar una labor de educación política, organización y movilización de las masas de obreros, campesinos y estudiantes. Su inclinación era la lucha social y el periodismo.
La discusión se suspendió. Rodrigo, con un fuerte y revolucionario abrazo, se despidió de su amigo en la oficina del expreso Bolivariano de la ciudad de Armenia rumbo a Florencia Caquetá. Rojas más tarde viajó a la ciudad de Montería. El primero conoció los avatares de la guerra, ascendió hasta convertirse en el máximo jefe de las FARC-EP, desafió al establecimiento, sufrió en carne propia derrotas y propino duros golpes a sus enemigos.
El segundo se forjó como luchador social, abanderó la causa de la paz y la reconciliación negociada entre ambos bandos, se convirtió en vocero calificado de los desplazados por la guerra, fundó la ONG CODHES (Consultoría para los derechos Humanos y el Desplazamiento), como comunicador social, uso la pluma para denunciar a los victimarios y defender a las víctimas. Fue perseguido y amenazado y tuvo que huir con su familia a otras tierras para salvar su vida. Con sus convicciones intactas e indemnes fue gobierno durante la alcaldía de la Bogotá Humana, de Gustavo Petro, otro excombatiente guerrillero del M-19.
Cuarenta años más tarde, después de medio millón de muertos, 7 millones de desplazados, poblaciones arrasadas, miles de huérfanos, viudas, mutilados y con las profundas heridas de rencor y odio que ha dejado la guerra, Rodrigo Londoño, “Timochenko”, el curtido guerrero de mil batallas, sin ser derrotado pero sin posibilidades de derrotar a sus enemigos, decidió abandonar la guerra, desmovilizar sus tropas, entregar las armas, pedirle perdón a sus víctimas y resarcirlas, acogerse a la ley y la Constitución Nacional, crear un partido político y emprender el camino de las transformaciones sociales a través de la lucha política  y democrática.

Cuando Rodrigo llegó a Cartagena vestido de blanco a compartirle al mundo su firme e indeclinable decisión y a refrendarla con su su firma, su amigo y compañero de juventud Jorge Rojas estaba ahí. Había esperado ese momento por 40 años, había luchado sin descanso para que llegara. Y con la misma convicción con la que lo despidió aquella noche en la oficina del expreso Bolivariano, le dio su abrazo de bienvenida a la paz y le propuso que retomaran la conversación que dejaron suspendida y la compartieran con las nuevas generaciones, para que nunca más en Colombia las armas remplacen a las ideas en la búsqueda de un país en que quepamos todos. El resultado de esa conversación quedo plasmado para la historia en el libro que hoy su autor Jorge Rojas presenta: “Timochenko el último guerrillero”

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